La Leyenda que Derrotó a Ferrari: Historia del Ford GT40 MK I (1967)
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El rugido de un motor V8 resonando en el circuito de La Sarthe en Le Mans no fue solo un sonido; fue una declaración de guerra. El Ford GT40, y en particular la versión MK I de 1967, es mucho más que un coche de carreras: es un símbolo de orgullo industrial, una saga de venganza deportiva y una obra maestra de la ingeniería automotriz. Su historia, nacida de un acuerdo fallido y un ego herido, reescribió las reglas del motorsport y lo catapultó al panteón de los vehículos más icónicos de todos los tiempos. La historia del GT40 comienza con un fallido acuerdo de adquisición. A principios de los años 60, Henry Ford II intentó comprar la división de coches de competición de Ferrari. Cuando Enzo Ferrari rompió las negociaciones en el último momento, Henry Ford II se sintió personalmente ofendido y emitió una orden clara a su equipo: "Vayan a Le Mans y derroten a Ferrari". Para cumplir con esta misión titánica, Ford lanzó el programa "Total Performance". El resultado fue un prototipo radicalmente bajo, de tan solo 40 pulgadas de altura (de ahí su nombre, GT40), diseñado para la velocidad máxima. Las primeras versiones, como el MK I original de 1964, mostraron potencial, pero sufrieron fallos de fiabilidad en la exigente carrera de resistencia. Tras las frustraciones iniciales, la máquina de competición fue refinada con la ayuda de ingenieros y figuras legendarias, como Carroll Shelby. El MK I, aunque coexistió con las versiones de chasis más grandes y potentes como el MK II (que trajo la primera victoria americana en 1966), se convirtió en el GT40 más equilibrado y elogiado por su manejo. El Ford GT40 MK I de 1967 consolidó el diseño clásico que todos reconocen. A diferencia del enorme 7.0L del MK II, el MK I utilizaba una versión más ligera y ágil del motor V8 Ford 289 (4.7L) montado en posición central. Esto proporcionaba un manejo más predecible y dócil, una característica crucial en un circuito tan largo como Le Mans. El diseño mantenía el perfil ultra-bajo, con su nariz ancha y una cola esculpida para optimizar la estabilidad en las rectas de alta velocidad. Aunque en 1967 la victoria absoluta fue para el MK IV, el diseño y la evolución del MK I prepararon el camino y sentaron las bases para que el GT40 se convirtiera en un dominador. Más importante aún, la versión MK I con su famosa carrocería JWA/Gulf sería la que lograría las victorias finales e históricas de Ford en 1968 y 1969, consagrando su estatus de inmortal. El impacto del Ford GT40 trascendió las pistas. No solo puso fin a la racha de victorias de Ferrari, sino que también demostró que una gran corporación americana podía superar a los mejores fabricantes europeos de prototipos en su propio juego. Hoy en día, el Ford GT40 MK I es uno de los vehículos más cotizados y reconocibles del mundo. Es un tributo a la era en que las carreras de resistencia eran la cumbre de la tecnología automotriz y un testimonio de que la pasión puede cambiar la historia.